Antes de empezar, me gustaría compartir el magnífico y gracioso vídeo que envió Gabriel Cabrera sobre la vida de un intérprete, ya que no pudo acudir al encuentro.
Luisa reflexiona sobre la gestión de proyectos de traducción y explica que, cuando está a cargo de un traductor autónomo, debemos pensar que es lo mismo que con una agencia. El traductor freelance aprovecha sus contactos, experiencia y capacitación. Algunos traductores autónomos creen que esta modalidad no aporta ningún valor y que los traductores no deberían hacer este trabajo. Pero si nos presentamos como personas que resuelven problemas, capaces de todo, seremos más atractivos para el cliente. Cobramos por lo que sabemos, no realmente por lo que hacemos. Conocer a los profesionales es un valor fundamental en este tipo de gestión. Además, el traductor subcontratado cobra por su trabajo y el cliente hace una sola llamada. El gestor de proyectos también filtra las preguntas y consultas al cliente. Este trabajo no es para principiantes, ya que hay que tener contactos y saber cómo funciona. En el caso de la traducción jurada, conviene también trabajar con traductores de muchísima confianza, ya que tiene responsabilidades jurídicas más importantes y, al entregarse en papel, es más compleja la logística de la traducción.
Para obtener clientes directos y poder gestionar proyectos es necesario socializar y que se corra la voz. Las tarjetas de visita son esenciales para ello. No conviene hacer descuentos por volumen si somos traductores, ya que no tiene mucho sentido aplicar un descuento y tener que trabajar más: el trabajo de traducción es el mismo. Pero un gestor de proyectos trabaja por un porcentaje y sí que tiene margen.
Por último, se nos recuerda que debemos buscar la lealtad del cliente por respeto y porque somos profesionales, no porque nos dejamos explotar laboralmente como traductores. Es por ello que conviene tener cuidado al fijar tarifas y pagar a los traductores siempre, sin importar si el gestor ha cobrado o no. Las tarifas de traducción deben ser decentes para obtener buenos resultados y tener un margen en caso de que algo salga mal.
Al igual que en la sesión de marca personal y marketing ofrecida por Valeria Aliperta y Marta Stelmaszak el pasado mes de mayo en Estudio Sampere, en esta ocasión Valeria Aliperta vuelve al ataque para demostrar que la imagen y la marca son fundamentales a la hora de ser traductor, ya que es necesario destacar frente a agencias y clientes directos. A través de la experiencia de Valeria podemos entender cómo se obtiene la inspiración, se forjan las ideas y se consiguen resultados.
Branding no es una palabra que deje claro su significado y en algunos casos se confunde con lo que es el logo. Sin embargo, se trata del valor que el cliente potencial percibe a través de un diseño, independientemente de su valor real. Nestlé, Bimbo, Microsoft son grandes marcas, pero un traductor autónomo también puede tener su marca personal. Lo primero es identificar tu área de negocio con una palabra clara, sencilla y que defina rápidamente dicho sector (en nuestro caso, traducción jurada). Luego se debe escoger un nombre.
El branding ofrece una experiencia que trae de vuelta a los clientes ya que te proporciona estabilidad, crecimiento potencial, lealtad, longevidad. Genera una idea buena en la mente del cliente, hace que nos recuerde y que vuelva, nos recomiende y nos tenga presentes.
Comprar o hacer un diseño de logo personalizado es mucho mejor que utilizar logos genéricos, ya que no definen quiénes somos. Debemos estar dispuestos a invertir. Cuidar nuestro futuro y nuestra imagen no es un gasto.
En síntesis: BRANDING es sobre uno mismo, sobre cómo dar con la forma de trabajar de nuevas formas, innovar y presentarnos como nos gustaría vernos desde afuera.
Como intérpretes tenemos que defender nuestro trabajo y lo que la gente dice sobre nuestro trabajo.
Podemos implementar una batería de medidas preventivas para evitar los problemas, así como también recursos que nos ayuden a solucionar las crisis que surjan.
Tenemos que entender con qué trabajamos: con todos los temas de todos los campos. Todos esperan que sepamos de todo, de minería, de medicina, de cocina… La lengua es nuestro elemento y nexo con ese «todo». Todos los hablantes son dueños también de la lengua. Pero ambas cosas CAMBIAN, tanto los temas que abarcamos como la lengua misma. Es menester que tener claro lo que necesitamos para hacer nuestro trabajo como intérpretes, así como contar con la habilidad y conocimientos necesarios para tener éxito.
Además, de preparar el trabajo… ¿Sabemos qué leyes nos afectan como intérpretes? ¿Sabemos que cambian dependiendo del lugar en el que ejerzamos nuestra labor? Además hay códigos de ética, de conducta, reglas internas de cada organismo, cánones y reglamentos del ramo de especialidad (por ejemplo, en medicina). Entre algunos de los consejos más importantes está que no debemos destruir las notas ni entregar traducciones o enviar archivos en Word si pensamos que nos pueden cambiar los documentos. Asimismo, tampoco conviene utilizar absolutos. Es conveniente hacer hincapié en el contexto, ya que dependiendo de él puede variar todo. No se debe interpretar sin entender o escuchar. Es necesario poner todo por escrito para evitar malentendidos con el cliente o terceros (mediante contratos, cartas, correos electrónicos, etc.).
Si creemos haber cometido un error, lo mejor es pedir a algún compañero traductor, intérprete o de otra profesión de confianza que nos dé su opinión. Es importante reconocer los errores, pero sin pasarnos. Los abogados nos intentan manipular para que digamos lo que ellos quieren decir. Por lo tanto, si nuestro trabajo se puede defender y tenemos razón o parte de ella, no debemos echarnos para atrás. Por otra parte, es fundamental no hablar del tema con absolutamente nadie más que con los estrictamente necesarios.
Si alguien nos difama tras una demanda que hayamos presentado, podemos demandar nosotros por difamación. Pero estos juicios son muy difíciles de ganar e incluso pueden complicar las cosas, por lo que siempre conviene evitar llegar a estos puntos de no retorno.
La localización es la adaptación de un producto, aplicación o contenido documental para cumplir los requisitos del lenguaje, la cultura o de otra índole en un mercado específico. Para ser localizador es necesario cumplir con las técnicas de internacionalización, conocer la cultura e idioma de origen, los requisitos del mercado y la cultura meta, técnicas de documentación, características y expectativas del usuario final. Puede abarcar desde traducciones de videojuegos muy simples como el Tetris a complicados juegos de cirugía, bélicos, mecánica automovilística o criminalística. El localizador de videojuegos debe estar preparado para todo y tener un ojo especial para detectar problemas.
En particular, podemos citar algunos de los siguientes problemas: tenemos que estar atentos y conocer el uso de las variables y cadenas, así como evitar opciones que traten a un solo género. Las restricciones de caracteres tienen especial relevancia, ya que no nos suelen permitir modificarlas y podemos vernos obligados a recurrir a abreviaturas o palabras no estándar para superar este obstáculo. En casos muy extremos se puede intentar explicar al cliente la dificultad o imposibilidad de aportar una traducción en tan poco espacio, pero lo normal es que sea el traductor quien se las deba apañar para solucionar este problema.
En este interesante taller hablamos de la productividad de las herramientas en el mundo de la traducción y, en particular, de QA Distiller, X-Bench, Trados, MemoQ.
Vimos cómo configurar las opciones de control de calidad en estos programas, así como hablamos de qué es la calidad. La conclusión fue que calidad es corrección, profesionalidad, el elemento mediante el cual damos garantías y conseguimos satisfacción con nuestro trabajo como traductores.
Los errores más frecuentes son errores en el original, números, puntuación, mayúsculas, etiquetas y formato, consistencia (índice, títulos oraciones) en TO y en TT, ortografía, no traducidos, dobles espacios, palabras repetidas, terminología. Por tanto, es posible prever en qué partes nos podríamos haber equivocado e intentar automatizar los procesos para buscar minuciosamente este tipo de errores en lugar de buscar en general, ya que, si se trata de un texto corto, podremos revisarlo a simple vista. Pero si es largo, será una ardua tarea.
En Trados, quizás la memoria de traducción más conocida entre los traductores, podemos ir a Herramientas > Opciones > QA Checker 3.0 y vemos la lista de comprobación, que podemos modificar para facilitar nuestro trabajo o adaptarla según las exigencias del cliente.
En X-bench podemos hacer búsquedas de concordancia de traducciones e incluso buscar en qué casos no se ha aplicado la traducción deseada con solo poner un menos delante de la palabra de destino.
Por último, no solo debemos tener en cuenta los errores que podríamos cometer nosotros como traductores, sino también las exigencias y prioridades de cualquier agencia de traducción que nos contrate: fecha de entrega, ortografía y gramática, QA (inconsistencias, números, símbolos, contenido, errores de traducción, segmentos sin traducir), etiquetas, referencia, terminología, instrucciones, formato, cambio de nombre de archivo.
Como traductores muchas veces tenemos que lidiar con clientes directos que no conocen el mundo de la traducción. Un traductor jurado, por ejemplo, suele tener que explicar a cada cliente qué es la traducción jurada, cómo se presenta, que no es necesario entregarnos el documento original o si debe o no apostillar la traducción. Todas estas cuestiones pueden traer de cabeza incluso al traductor más tranquilo y hacerle perder la paciencia. En este taller Gary Smith explicó cómo lidiar con estos inconvenientes y gestionar las relaciones entre cliente y traductor o cliente y agencia cuando las cosas exigen diplomacia.
Continúa en la ENCUENTRO DE TRADUCTORES E INTÉRPRETES EN LENGUANDO LONDRES 2014 – PARTE 2.
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